lunes, 12 de enero de 2026

Y SIN EMBARGO NAVEGO

 







Modelo de un pingue (c. 1870). Museo Naval de Madrid.

Por Jerónimo Roure Pérez, CC BY-SA 4.0, 

https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=79403392




Soy un barco en travesía

con jirones en las velas

que reflejan las heridas

de los múltiples naufragios

que en los mares de mis dudas

he tenido que afrontar;

siendo niño y siendo joven

yo escuchaba los adagios

que la edad de los mayores,

entre aciertos y errores,

descubrió como verdad;

de su empírica existencia

en un pueblo de terruño

de cosecha y sementera,

pa su vida y su cartera,

cultivaron las rutinas

que creyeron mejor ciencia;

y, después de muchos años,

en mis muchas travesías,

entre prosa y poesía,

entre engaño y desengaño,

he llegado a constatar

que el adagio se ha nutrido

de experiencias del camino,

de experiencias de la edad,

de salvar encrucijadas

acertando en la elección,

o de errar al elegir

y tenerla que enmendar,

aprendiendo yo de ello

una valiosa lección

que me ayuda a navegar

por los mares de la vida

manejando mi timón

sin perderme a la deriva

en las nieblas del sistema

y evitando los torpedos

que mis muchos enemigos

le disparan cada día

a este barco que soy yo

con la vela hecha jirones,

con el mástil agrietado,

que ya está hasta los …

de aguantar a los piratas

-o tal vez sean pirados-

que se adueñan de los mares

con las reglas del mercado

y, entre redes y entre enredos,

a bordo de sus grandes barcos

lo están esquilmando todo

y ocasionando el naufragio

de los barquitos pequeños

que, entre ruinas y entre empeños,

cuando llega un temporal

y la mar se pone brava

con su líquido elemento

embraveciendo las olas,

ya sea de sotavento

o sea de barlovento

el viento que rija el momento,

ellos se van a pique

sin encontrar puerto o dique

que les mantenga a flote;

y, mientras ellos se hunden,

los que manejan el cotarro

y siempre chupan del bote,

mostrándoles su cogote

y también su ancha espalda,

de su naufragio se inhiben

abandonándolos a su suerte,

que, no pocas veces, es

una condena a muerte.


Soy un barco en travesía

tratando de navegar

por los mares de la vida

evitando naufragar. 


Impersonem.



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