Modelo de un pingue (c. 1870). Museo Naval de Madrid.
Por Jerónimo Roure Pérez, CC BY-SA 4.0,
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=79403392
Soy un barco en travesía
con jirones en las velas
que reflejan las heridas
de los múltiples naufragios
que en los mares de mis dudas
he tenido que afrontar;
siendo niño y siendo joven
yo escuchaba los adagios
que la edad de los mayores,
entre aciertos y errores,
descubrió como verdad;
de su empírica existencia
en un pueblo de terruño
de cosecha y sementera,
pa su vida y su cartera,
cultivaron las rutinas
que creyeron mejor ciencia;
y, después de muchos años,
en mis muchas travesías,
entre prosa y poesía,
entre engaño y desengaño,
he llegado a constatar
que el adagio se ha nutrido
de experiencias del camino,
de experiencias de la edad,
de salvar encrucijadas
acertando en la elección,
o de errar al elegir
y tenerla que enmendar,
aprendiendo yo de ello
una valiosa lección
que me ayuda a navegar
por los mares de la vida
manejando mi timón
sin perderme a la deriva
en las nieblas del sistema
y evitando los torpedos
que mis muchos enemigos
le disparan cada día
a este barco que soy yo
con la vela hecha jirones,
con el mástil agrietado,
que ya está hasta los …
de aguantar a los piratas
-o tal vez sean pirados-
que se adueñan de los mares
con las reglas del mercado
y, entre redes y entre enredos,
a bordo de sus grandes barcos
lo están esquilmando todo
y ocasionando el naufragio
de los barquitos pequeños
que, entre ruinas y entre
empeños,
cuando llega un temporal
y la mar se pone brava
con su líquido elemento
embraveciendo las olas,
ya sea de sotavento
o de barlovento sea
el viento que rija el momento,
ellos se van a pique
sin encontrar puerto o dique
que les mantenga a flote;
y, mientras ellos se hunden,
los que manejan el cotarro
y siempre chupan del bote,
mostrándoles su cogote
y también su ancha espalda,
de su naufragio se inhiben
abandonándolos a su suerte,
que, no pocas veces, es
una condena a muerte.
Soy un barco en travesía
tratando de navegar
por los mares de la vida
evitando naufragar.
Impersonem.
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Es muy importante y vital navegar y si el viento ayuda, mejor que mejor...
ResponderEliminarY en ese navegar también es muy importante saber fijar el rumbo, saber manejar el timón, saber capear los temporales y no perder nunca de vista el horizonte.
ResponderEliminarAbrazo
Piratas, pirados y ladrones...
ResponderEliminarHay que buscar un puerto amable donde refugiarse.
Los has calificado bien. Pocos puertos quedan que cumplan con esos requisitos, Toro. Y cada vez las olas son más altas y los temporales más duraderos. Pero habrá que resistir.
EliminarAbrazo
Impersonem, tu poema tiene una autenticidad que conmueve. Ese barco que eres tú, golpeado por los mares del sistema, sobrevive entre dudas, memoria y dignidad. En tu voz hay una verdad popular, una mezcla de amarga experiencia y esperanza pertinaz. No buscas estética, sino sentido: afirmar que la vida, aun herida, sigue navegando. Me gusta ese gesto rebelde y humano. En él resuena la travesía de muchos. La poesía, incluso con jirones en las velas, vale más por su sinceridad que por su técnica, y la tuya, crecida en mares agitados, llega con verdad. Saludos.
ResponderEliminarHola, Joselu, bienvenido y muchas gracias por tu generoso comentario sobre mi poema. Creo que has captado muy bien la esencia del mismo y has leído muy bien el mensaje existencial que he intentado transmitir que, como bien señalas, refleja el amargor de la hiel de algunas experiencias y la esperanza pertinaz (proactiva) de seguir sembrando utopías a pesar de la convulsa realidad que transitamos dentro del trampantojo social que han construido los malos encantadores (políticos, mediáticos, económicos, etc.). No nos queda otra que seguir navegando, aunque sea contra viento y marea, en busca de un horizonte donde reine la utopía y perdamos de vista a esta distopía que nos ahoga. Mi rebeldía, con causa, me ha ocasionado algunos disgustos; mi pertinacia me ha hecho cometer algunos errores de cálculo de confianza. De lo uno y de lo otro he aprendido algunas lecciones; sobre todo he aprendido que la prudencia es la parte inteligente del valor y que lo del Rey David, si es que sucedió, es una casualidad estadística que tiene nulas posibilidades de repetirse.
EliminarTal como dices, no busco la estética en lo que escribo, aunque he escrito poemas sometiéndome a las ortodoxas reglas del quehacer poético, suelo ser frugal en la rima y anárquico en la métrica, escribo de oído y lo que intento con más ahínco es que el mensaje no quede constreñido por la "faja" métrica o desdibujado por una rima fácil. Gloria Fuertes dijo que "Antes de contar las sílabas, los poetas tienen que contar lo que pasa", y, aunque yo no me considero poeta, sino mero escribidor de versos, me adhiero a dicha máxima o pensamiento de esa gran poeta insuficientemente reconocida por el mundo de las letras académicas.
Y Celaya fue más contundente, aún, cuando afirmó: "Cantemos como quien respira. Hablemos de lo que cada día nos ocupa. Nada de lo humano debe quedar fuera de nuestra obra. En el poema debe haber barro, con perdón de los poetas poetísimos. La poesía no es un fin en sí. La poesía es un instrumento , entre otros, para transformar el mundo". Y, aunque corren malos tiempos para la lírica, como suele decirse cuando la convulsión rige la vida social y las cabezas de los necios embisten más que piensan, ya sea en poesía o en prosa o con mímica debemos denunciar lo denunciable y reivindicar la justicia social como mejor sepamos y podamos poniendo en práctica todo el conocimiento que la biografía y la bibliografía ha puesto a nuestro alcance.
Abrazo
En un mar de metáforas muy bien hilvanadas navega el barco, que es la vida, hacia buen puerto deseado. Excelente Impersonem! Saludos
ResponderEliminarGracias, Gil, por tu amable valoración de mi humilde poema. Ahí vamos intentando no perder el timón y el rumbo, capeando tormentas y descansando en los remansos, y buscando, aún, ese puerto donde encontrarse seguro.
EliminarAbrazo
Buena travesía, que Eolo te sea propicio.
ResponderEliminarGracias, Doctor Krapp, a ver si es posible que Eolo esté de mi parte, porque navegar contra viento y marea es agotador.
EliminarAbrazo
Hago míos los cuatro versos últimos. Gracias
ResponderEliminarPerfecto, Luis Antonio. Supongo que eso es lo que la mayoría intenta hacer en su tránsito por esta vida.
EliminarAbrazo
Tu poema navega profundamente, con una autentisida que pellizca el corazó.
ResponderEliminarMe ha impactado y mucho.
Un abrazo.d
Hola, Mari Carmen. Escribo a pecho descubierto y desde mis entrañas y te agradezco las generosas valoraciones que siempre haces de mis poemas.
EliminarAbrazo
Un poema marinero con muchas verdades, precioso para navegar por las turbulentas aguas de la vida. Saludos
ResponderEliminarGracias, Pablo. Ya desde hace tiempo la mar de la vida, por las olas que surgen del sistema que nos rige, a veces está picada y otras muy brava, pero tendremos que seguir navegando.
EliminarSe le atribuye a Goethe haber dicho que "Ningún mar en clama hace experto a un marinero", así que puede ser que, de la travesía de este mar embravecido que navegamos en este ahora tan convulso, salgamos más expertos que si estuviera en calma.
Abrazo