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¿Quién se olvidó
mis poemas
en un lúgubre rincón
para servir de
colchón
a los ácaros del
polvo
y de falso
alimento
a un viejo ratón
que en vez de
comerse el pan
se comió mi corazón
eligiendo por
bebida
la sangre de mis
heridas
que regaba algunos
versos?
A quien quiera que
haya sido
yo le quiero dar
las gracias
que en mis versos
hay quejidos
y también muchas
desgracias,
¡qué se los trague
el olvido
con sus ayes y sus
lágrimas!
Aunque puede que mis manos,
ocultas de mi memoria,
al rincón los apartasen
sabedoras de que son
suspirillos a raudales
que no interesan a nadie,
y es mejor que se los coma
algún ratón con buen hambre.
Impersonem
