Cuatro Jinetes del Apocalipsis, por Viktor Vasnetsov (1887)
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- Tú y yo.
- ¿Cómo?
- Así.
- ¿Adónde?
- Allí.
- ¿Por qué?
- Por ti.
- Calla.
- No.
- Dime.
- El río suena,
oye, escucha,
y saca conclusiones.
La cúspide de la torre se quiebra
y caerá toda su grandeza.
Pero todavía es pronto para gritar victoria.
El asno sigue coceando
y la razón se ofusca
persiguiendo zanahorias.
El miedo nos persigue
a hambre y a espada.
Y la guerra abierta
(también la secreta)
mata los cuerpos
y la sangre derrama.
Las noches son oscuras
y empedradas.
A la vuelta de cada esquina
esperan mil fantasmas
con cadenas que atan.
Las dudas existenciales
vislumbran terribles certezas.
Empiezan a asomar
las plagas del destino.
Grita y llora hasta que surja la luz.
Hoy, día de tinieblas, no amanecerá.
El usurpador podrá robar tranquilamente
y el dictador podrá cagar sin prisas
(disciérnase quiénes son los dictadores).
La hora de la verdad llega,
pero los ilustres y los sabios
no la han detectado
o no quieren hablar de ella
por esas extrañas razones
que se ocultan tras la ciencia.
¿Muerte?
- Calla.
Impersonem.
