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(Al hilo de la fábula de Tomás de Iriarte)
Hoy me he echado yo temprano
pues quería descansar
pero un innombrable borrico
no ha parado de tocar.
Maldita casualidad
que le ha hecho un virtuoso
de esa extraña habilidad,
pues hace sonar la flauta
solo con estornudar.
No es que toque sinfonías
hace ruido nada más,
pero se crece y se crece
y no para de soplar.
Con tal música de viento
me tuve que levantar
y el cabreo que he cogido
ha sido monumental.
Lo he querido yo escribir
por quererme yo acordar.
Puede ser que un día de estos
el que sople sea yo,
cada año es muy largo
y la venganza me tienta,
pero el borrico innombrable
acostumbra a se quejar
cuando otros tocan música
o tienen a bien cantar;
y es que se cree tan rico
que todo es su propiedad,
y quiere imponer sus reglas
siempre sobre los demás;
los horarios son los suyos
en esta comunidad;
de sus músicas y ruidos
nos tenemos que aguantar,
pero él de los otros
nada quiere soportar...
Ay, que injusticia tan grande
todo por casualidad,
pues aquí vine a parar
sin saber quién habitaba,
tiempo ha que sospechaba
que esto podía pasar,
lo empecé yo a intuir
cuando le oí rebuznar...
Si alguien llega a molestarse
por así yo fabular,
que pruebe a echarse temprano
en este humilde portal
cualquier día de algún año
para poder descansar
y que al innombrable borrico
le dé por estornudar
y la puñetera flauta
suene por casualidad
y viniéndose arriba
toque y toque sin parar
pensando que la su música
nadie la puede igualar;
tal vez así me comprenda
y me pueda perdonar.
Impersonem.








